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Pedro Gutiérrez Moya, 'El Niño de la Capea' [1952]
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Pedro Gutiérrez Moya, 'El Niño de la Capea' [1952]
Pedro Gutiérrez Moya El Niño de la Capea nace el 17 de septiembre de 1952 en el seno de una familia numerosa y con escasez de recursos. Desde muy pequeño se pregunta una y otra vez por la injusticia de su situación y si él de mayor podría tener dinero para evitar que los suyos siguieran teniendo privaciones. Envuelto en esas dudas, un buen día, supo encontrar la respuesta al ver pasar por delante de su casa los deslumbrantes vehículos de los toreros y, más aún, el reconocimiento que despertaban sus dueños entre la gente del barrio. Desde ese momento la Tauromaquia llama a las puertas de su vida.
Entonces conoce La Capea, una placita existente en Chamberí –su barrio natal- y frecuentada por estudiantes extranjeros para celebrar fiestas y torear. Allí, vivaracho e inquieto, se asoma para fascinarse por ese mundo y no querer otra cosa más que torear. Con su listeza natural e inteligencia enseguida empieza a evolucionar, a la vez que no pierde ninguna corrida televisada, fijándose en todos los detalles y sin alejar la mirada de la pequeña pantalla existente en un bar de su barrio, porque en su casa la televisión no existía.
Con dieciséis años empieza a torear por su provincia anunciándose como El Niño de la Capea. Desde el primer día muestra su raza y con su característica cara aniñada fue abriéndose paso tras superar los socavones que se presentaban. Pronto llega la presentación ante sus paisanos en La Glorieta, acontecimiento celebrado el 3 de mayo de 1969, en tarde de tanta ilusión que lo alza triunfador gracias a su entrega. Seguidamente el debut en Bilbao para sellar una relación con la afición vizcaína tan íntima que se rubrica para siempre y también en la madrileña Vista Alegre, en el barrio de Carabanchel, cuyos triunfos le abre tantas puertas.
El debut con caballos se anuncia en La Glorieta de Salamanca el 17 de julio de 1970 en tarde triunfal que corta dos orejas, mientras la afición charra abandona la plaza apostando por el arrojo del muchacho.
Tras las triunfales temporadas novilleriles de 1971 y 1972, en las que se acartela en numerosas ocasiones con su paisano Julio Robles, el debut en Las Ventas supone el final de esa etapa. La fecha es el 11 de junio de 1972 y en tan importante compromiso forma cartel con Ángel Rodríguez Angelete y su paisano Julio Robles, también debutante, ante novillos de Juan Pedro Domecq. Los dos charros ofrecen una tarde pletórica y a punto están de salir en hombros, hecho que anima a la empresa madrileña a organizar otro festejo para el siguiente domingo con ambos protagonistas, ahora mano a mano, con reses portuguesas de Cunhal Patricio. En la novillada, celebrada bajo el ambiente de los grandes acontecimientos y con el no hay billetes en las taquillas, Pedro y Julio, brillan otra vez a gran altura.
La despedida de Madrid, en la víspera de la alternativa, fue una apuesta más de tantas como tuvo El Niño de la Capea, quien siempre dio la cara para demostrar que él llegaba a los toros para ser figura. Ahora, 22 de junio de 1972, se hará matador en Bilbao, en la plaza que tanto lo vio triunfar, en la que es una apuesta fuerte con el mejor cartel para que Paco Camino –su ídolo- lo hiciera matador en presencia de Paquirri, al cederle el toro Mireto, de Lisardo Sánchez. Corta tres orejas y toda España puede ser ver a través de televisión que, El Niño de la Capea, llega para comerse el mundo.
En un nuevo estatus de matador se hace imprescindible en las más importantes ferias, solventando sus compromisos con éxito. No escondiéndose jamás, como lo vuelve a demostrar al confirmar la alternativa en 1974, acontecimiento acaecido el 21 de mayo y apadrinado por Palomo Linares, con Paquirri, de nuevo en labores de testigo. Esa tarde, con toros de Atanasio Fernández, también en corrida televisada, el salmantino corta tres orejas que ratifican todo lo bueno y apasionado que se dice de él. Es la primera de las cinco puertas grandes que logra en Madrid –las demás llegan en 1975, 1979, 1985 y 1988-, plaza que supo ver las enormes condiciones del torero, quien nunca faltó a la cita madrileña y dejó faenas para el recuerdo, algunas de ellas con hitos históricos, como la encerrona en solitario frente a toros de Victorino Martín, en la Corrida de la Prensa de 1988. Además, durante muchas temporadas fue el diestro que más corridas sumó.
Aquel 1988, redondo en triunfos, pone fin a su larga carrera el 14 de septiembre, en la plaza de Salamanca, en medio de una tarde apoteósica tras cortar un rabo al toro Borrascoso, de Joaquín Buendía, entre gritos de ¡no te vayas!
Tras la retirada vuelve a los toros en 1991. En su segunda actuación de la nueva etapa, en la sevillana Feria de Abril, sufre una gravísima cornada inferida por un toro de Cebada Gago que le afecta durante largo tiempo. Recuperado, en este nuevo paso por los ruedos, en México escribe algunas de las páginas más bonitas de su carrera. Una de ellas su postrera actuación en La México al cortar el rabo –el tercero de su balance en La México- al toro Piropo, de Pepe Garfias. Desde entonces se vistió de luces para darle la alternativa a su discípulo Javier Conde; en otra ocasión para confirmar la alternativa a su hijo Pedro El Capea, en La México; posteriormente para torear, de nuevo con su hijo, un mano a mano, en el que siguió añadiendo hitos a su biografía, en la plaza salmantina de Alba de Tormes. Y por último, para seguir escribiendo páginas históricas, el mismo día que se cumplían el cincuentenario de su alternativa lo celebró como mejor sabe, vistiéndose de luces –nadie lo había hecho a esa edad- en la villa de Guijuelo, compartiendo cartel con su yerno Miguel Ángel Perera y su hijo Pedro, frente a toros de su ganadería para rubricar su última lección. La lección de un torero de época.
El Niño de la Capea es dueño de un privilegiado palmarés, siendo uno de los toreros más grandes de la historia e ídolo de todas las aficiones de España, Francia, Portugal y la totalidad de la América taurina. América fue punto y aparte en su carrera escribiendo allí muchos de sus mejores momentos y brillando en todas sus plazas, sin excepción. Primero Lima, la mayoría de Colombia y la totalidad de Venezuela, país que lo aplaude en sus actuaciones y durante años torea más que nadie allí. Después es México, tan especial para él, que acaba adoptándolo tras lograr éxitos de clamor en La Monumental del Distrito Federal, extendidos al resto de los estados. La historia del Niño de la Capea en México, forma un destacado capítulo de su biografía al quedar escrito en el pedestal al que únicamente, hasta esos momentos, alcanzaron toreros de la grandeza de Manolete o Paco Camino.
A la par, El Niño de la Capea siempre contribuyó con la Fiesta para invertir muchos de sus dineros ganados en los ruedos en crear una ganadería puntera con sangre Murube y además salvar ese encaste cuando prácticamente estaba camino de su desaparición. Junto a su faceta de torero y ganadero, siempre ha apoyado a la Tauromaquia allá donde se lo pidieron, formando parte de numerosos foros y siendo su presencia habitual en todas las plazas españolas.
(La fotografía que acompaña a esta semblanza ha sido cedida por la Agencia ICAL)
Marta Pérez López [1974]
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Marta Pérez López [1974]
Aunque nació en Ávila en 1974, Marta Pérez López ha vivido siempre en Valladolid. Su brillante trayectoria como cirujana de festejos taurinos en Castilla y León, labor que ejerce desde agosto de 2006, tuvo especial relevancia en agosto de 2022, cuando, al frente de su equipo médico, pudo salvar la vida del joven diestro salmantino Manuel Diosleguarde, víctima de una cornada de veinticinco centímetros en la plaza de toros de Cuéllar, que le afectó la vena y la arteria femoral. Su trabajo en la enfermería fue decisivo para estabilizar al diestro antes de trasladarle al Hospital Clínico de Valladolid.
Licenciada en Medicina y especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo, Marta Pérez López comenzó su formación en el Hospital del Mar de Barcelona hasta que en 2006 fue trasladada primero al Hospital de Medina del Campo y poco después al Complejo Asistencial de Zamora. Fue aquí donde le surgió la oportunidad de trabajar en festejos taurinos. Comenzó en la emblemática Plaza del Coso de Peñafiel, en la provincia de Valladolid, y desde entonces suma cerca de dos mil festejos taurinos al frente de los respectivos equipos médicos, lo que supone una media aproximada de cien espectáculos de este tipo al año.
En efecto, Marta Pérez López ha participado en localidades como Tordesillas, Medina del Campo, Cuéllar, Coca, Villalpando, La Granja de San Ildefonso, Riaza, Cantalejo, Rueda, Valdestillas, Matapozuelos, Paredes de Nava, Grijota, Astudillo, Villada, Arévalo, Medina de Rioseco, Cigales, La Cistérniga, Olmedo, Mojados, Villafrechós, Renedo de Esgueva, Valoria la Buena, Dueñas, Ampudia, Villanueva del Campo, Siete Iglesias de Trabancos, La Bóveda de Toro, Madrigal de las Altas Torres, Segovia, Ávila y Palencia. También ha colaborado con otros equipos médicos fuera de Castilla y León. Le suele acompañar un equipo médico de otras cuatro personas, aunque en ocasiones se llega a doblar.
Otra intervención exitosa, que la situó en primer plano de la información, tuvo lugar en el festejo del Toro de la Vega (Tordesillas) de 2023, cuando Mirabajo, astado de 550 kilos y de gran bravura, rompió las talanqueras de madera, se escapó del recorrido del encierro y embistió a Antonio Rojo, un hombre de sesenta y siete años que, gracias a la actuación de la vallisoletana, pudo ser estabilizado. Su trabajo destaca, en definitiva, por la atención inmediata y certera, tras las cogidas sufridas, a los profesionales taurinos y aficionados, por el seguimiento posterior, médico y humano, que hace de sus intervenciones, y por su lucha constante con los organizadores de los festejos taurinos para que dispongan de los mejores medios, técnicos y humanos, durante la celebración de los espectáculos. De igual manera, la doctora Pérez López mantiene una estrecha relación con los cortadores, a quienes atiende de las lesiones que sufren durante los concursos de cortes y realiza, posteriormente, el pertinente seguimiento de las mismas.
Tampoco ha faltado su participación en numerosas mesas redondas y jornadas taurinas, evidenciando su carácter defensor de la tauromaquia y el acercamiento al aficionado de la cirugía taurina, una parte de la fiesta imprescindible pero desconocida en el tendido y en la calle.
La doctora Pérez López compagina esta labor profesional con su propia actividad académica y científica. Ha impartido docencia a postgraduados, ha publicado varios artículos originales en revistas científicas indexadas y ha llevado a cabo numerosas ponencias y comunicaciones en Congresos de su especialidad, tanto nacionales como internacionales, y en varios relacionados, precisamente, con el sector taurino: 36 Congreso de la Sociedad Española de Cirugía Taurina (Huesca, 2018), XX Congreso Nacional de Cirugía taurina (Albacete, 2020); III y IV Cursos sobre “Atención al Politraumatizado por asta de toro” de la Universidad Pontificia de Salamanca (2018 y 2019); mesa “Politrauma Taurino” de la Jornada de Invierno de la ACIRCAL (enero de 2023), y XXXIX Congreso de la Sociedad Española de Cirugía Taurina en Albacete (mayo de 2023).
(La fotografía que ilustra esta semblanza ha sido cedida por la Agencia ICAL)
Ganadería El Raso de Portillo
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Ganadería El Raso de Portillo
La ganadería “El Raso de Portillo”, caracterizada por la casta y bravura de su ganado, que brilla cada año en plazas de acreditada categoría, destacando su cartel en Francia, es una de las ganaderías bravas más antiguas de España, pues sus raíces históricas se remontan a la Baja Edad Media. Vivo reflejo de la más antigua tradición taurina de Castilla y León, destaca por su contribución a la promoción de la cultura del toro, en especial al conocimiento del ganado en su entorno natural, así como al interés por la tauromaquia a través de iniciativas como su bolsín taurino anual para jóvenes promesas del toreo y sus programas de actividades para asociaciones de aficionados, clubs taurinos y particulares, tanto españoles como extranjeros. Fue constituida en el año 1888, momento en que Trifino Gamazo y Calvo adquirió a Pablo Valdés un lote de vacas y toros procedentes de la ganadería de Raso de Portillo, sita en la localidad vallisoletana de La Pedraja de Portillo. Al mismo tiempo, don Trifino adquirió una parte de la actual finca, el predio denominado “El Quiñón de Valdés”, que actualmente constituye la parcela número 1 del polígono 11 del término municipal de Aldeamayor de San Martín.
Las reses de Pablo Valdés, junto a otras adquiridas con posterioridad en los alrededores, eran de las últimas cabezas que quedaban pastando en el paraje denominado Raso de Portillo, procedentes de las distintas ganaderías que durante siglos habían pastado en dichos terrenos y que, de manera simplificada, se conocían como los toros del Raso de Portillo. Así aparecen citadas en numerosos textos del siglo XVII e incluso anteriores.
La ganadería, que pertenece a la familia Gamazo desde 1888, se inició con reses de casta castellana (las autóctonas de la zona), a las que, sin quitar nunca nada del ganado existente, se fueron añadiendo otras de procedencia diferente. Está acreditado, por ejemplo, la compra, en 1910, de veinte vacas de Santa Coloma y un semental del Duque de Braganza a Eduardo Morenat, así como la adquisición, cinco años después, de vacas de Antonio Clairac y, en 1918, treinta y cinco de Carriquirri (casta navarra) a Bernabé Cobaleda y cuarenta y cinco de Gamero Cívico a Fabián Mangas, de Salamanca. Fue en los años 60 y 70 del pasado siglo cuando José María Gamazo y García de los Ríos, por recomendación de Antonio Bienvenida, torero de la casa, adquirió numerosas vacas y sementales de Santa Coloma vía Dionisio Rodríguez, que eran lo mejor en esos años, continuando desde entonces por esa misma línea. De ahí que se pueda hablar de la ganadería de El Raso de Portillo como un auténtico tesoro genético, único e irrepetible.
Desde hace aproximadamente treinta años, la ganadería pasea con orgullo el nombre de Boecillo, Aldeamayor de San Martín, La Pedraja de Portillo, Valladolid y Castilla y León por todo el territorio nacional, con numerosos éxitos taurinos. Además, desde el año 2007, cuando participó en la novillada con picadores en Parentis en Born, está presente en buena parte del territorio francés, donde casi siempre ha lidiado novilladas picadas dentro del sector torista, si bien de vez en cuando lidia alguna corrida de toros, las últimas en Vic-Fezensac (plaza de primera) y Ceret.
Por otro lado, la encomiable labor de crianza y lucha por el toro bravo llevada a cabo por la familia Gamazo, caracterizada por la ganadería extensiva, lo que permite que los animales pasten libremente en amplias extensiones de campo, propicia el mantenimiento y conservación de un paisaje natural único en el lugar donde pastan las reses, términos de Aldeamayor de San Martín y Boecillo, fundamentalmente. De hecho, las 800 hectáreas de eras, pastos y pinares de la finca están protegidas medioambientalmente, pues se encuentran enclavadas en el Lugar de Interés Comunitario (LIC) “Salgüeros de Aldeamayor ES 4180124”, formando parte de la RED NATURA 2000 y siendo una Zona de especial Conservación (ZEC).
En efecto, el LIC Salgüeros de Aldeamayor “pastizales salinos mediterráneos” tiene un valor ecológico inigualable, tanto desde la perspectiva de la fauna como de la flora, con sus formaciones características montículo-bodón y su inundación intermitente y superficial, en una superficie total de 1.185 hectáreas, de las que 800 pertenecen a la finca. Dichas características son posibles por el toro bravo y gracias al riego por inundación que desde enero a julio se lleva a cabo en toda la finca, abriendo y cerrando manualmente trampones y zanjas para distribuir el agua que, a su vez, hará que salga y crezca la yerba que servirá de alimento al animal. De hecho, la protección legal (LIC Y ZEC) sólo es efectiva y real porque existe y se mantiene el toro bravo en el terreno, por lo que la desaparición de la ganadería brava de la zona conllevaría, inevitablemente, la pérdida de este singular terreno con tan importante valor ecológico.
El Hierro de esta ganadería es una “G” con una cruz arriba, la señal en orejas es un zarcillo y media luna, y la divisa es encarnada y granate.
Ayuntamiento de Benavente-Fiesta del Toro Enmaromado
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Ayuntamiento de Benavente-Fiesta del Toro Enmaromado
En el ámbito de la tauromaquia, el Ayuntamiento de Benavente destaca por ser el organizador e impulsor de la Fiesta del Toro Enmaromado, declarada en 1991 de Interés Turístico Regional, todo un referente de la tauromaquia rural tradicional y de una modalidad tan singular de los festejos taurinos como son los toros de cuerda. El Consistorio benaventano ha estado pendiente en todo momento de mantener viva esta fiesta ancestral, conservando su esencia y adaptándola al contexto y a las necesidades de cada momento y época, conciliando así su legado tradicional con la promoción turística y el afán de remarcar la importancia del patrimonio histórico y natural del municipio. Puede decirse, por tanto, que, gracias a esta labor, el Toro Enmaromado de Benavente se ha consolidado como un espacio de encuentro intergeneracional y de transmisión de la cultura taurina a los más jóvenes.
Se trata de un rito que, al compás del Corpus Christi desde los siglos XV y XVI, ha tejido durante cientos de años un relato que combina identidad, convivencia y cultura popular. Aunque sus raíces se hunden en la larga tradición histórica de los toros de cuerda o ensogados de la Península, en Benavente adquieren una formulación propia a partir de finales del siglo XVII, concretamente en 1692, cuando los libros de gastos municipales registran ya la denominación de «buey maromado» para determinados actos que se celebran en la víspera del Corpus. En 1780 ya aparece consignado el término «toro enmaromado», y el festejo se consolida con un perfil y un ritual que, con sus variaciones, ha perdurado hasta nuestros días.
Para su celebración se escoge con cuidado a un único toro (en la actualidad, son requisitos que tenga más de cinco años y carezca de defectos visibles), que sale del toril con una maroma de unos cien metros anudada a la testuz. Cientos de mozos se encargan de conducirlo hasta el matadero a través de un recorrido prefijado, con paradas regladas en argollas fijas. Una vez en su destino, un matarife municipal ejecuta el sacrificio conforme a la normativa. La maroma, que antes era de pita y actualmente es de material sintético, no elimina el riesgo, pero ordena la carrera y simboliza, además, el vínculo entre la fuerza del animal y la pericia del pueblo que se encarga de encauzarlo. Hitos históricos en su trayectoria han sido la prohibición estatal de 1908, que vetó correr toros por vías públicas; otras interrupciones debidas a causas ineludibles, como, por ejemplo, el estallido de la Guerra Civil o la pandemia de la COVID-19; su recuperación, en 1939, por parte de una comisión popular; y su reconocimiento expreso en el programa de festejos de 1962 como «Fiestas del Toro Enmaromado».
En todo este devenir destaca el papel vertebrador del Ayuntamiento de Benavente. Así, cuando a mediados del siglo XIX desapareció la figura del «obligado del abasto», que era el encargado de aportar la res, la corporación decidió asumir la financiación, la elección del toro, la seguridad del recorrido y la coordinación de los equipos técnicos (toril, ensogado y avisos), además de llevar a cabo las gestiones de promoción turística desde, al menos, 1947. En la actualidad, la Concejalía de Fiestas y el trabajo conjunto con peñas, asociaciones y voluntariado garantizan el buen desenvolvimiento del festejo y sostienen la programación cultural que lo enmarca.
Además, el Toro Enmaromado de Benavente dispone de una liturgia cívica de raíces históricas. Destaca, a este respecto, la petición del toro durante La Veguilla (el «lunes de Pascuilla», es decir, ocho días después del domingo de Resurrección), momento en que la plaza abarrotada clama «¡toro, toro, toro!» hasta oír, desde el balcón consistorial, la frase: «este año tendréis toro». A ello se suma un paisaje sonoro muy particular, con los toques del célebre reloj y las campanas como aviso tradicional, y un tejido peñista que, desde los años sesenta, viene aportando color, música y orden a la fiesta. En efecto, una docena larga de peñas oficiales, con uniformidades distintivas y charangas, coordinadas desde 1990, trabajan todo el año en sedes abiertas a la vecindad. Puede decirse, por tanto, que el Toro Enmaromado de Benavente es también política pública cultural y laboratorio de participación cívica, en el sentido de que, a través de su organización y desenvolvimiento, se colabora en la seguridad del entorno urbano y se cultiva la coordinación entre Ayuntamiento, peñas y asociaciones.
Dentro de este ambiente festivo se enmarcan también los llamados «Toritos del Alba», que consisten en carreras matinales con reses más jóvenes y de menor tamaño que, además de diversificar la programación, encarnan la transmisión intergeneracional de esta tradición, pues a través de ellos se enseña a llevar la maroma, templar al toro, respetar los descansos y cumplir el reglamento. En 2002 fueron reconocidos como espectáculo tradicional.
La influencia del Toro Enmaromado trasciende Benavente y se proyecta sobre Castilla y León y el conjunto del país, pues, aunque forma parte de una amplia y nutrida constelación de toros de cuerda (hay casi un centenar de municipios en España que celebran festejos de este cariz), su singularidad (existencia de un solo toro, de un recorrido prefijado, de una maroma larga, de paradas en argollas y, como colofón, de un final sacrificial) lo ha convertido en referencia para estudios etnográficos y antropológicos, congresos y circuitos turísticos. De hecho, cada año reúne a miles de visitantes, propicia el retorno de emigrantes y de quintos, dinamiza la hostelería, el comercio y el empleo, y sirve también para contemplar y valorar la importancia del patrimonio benaventano.
Los entendidos también destacan la potencia educativa, pedagógica y creativa del festejo, pues en torno al mismo se despliega un programa que combina historia local, tradición y respeto al animal mediante talleres infantiles, toreo de salón, cortes con carretones y charlas divulgativas. Además, la iconografía del Toro Enmaromado nutre concursos anuales de carteles, murales, grafitis y fotografía documental, sin olvidar el hito escultórico de 2011: el Monumento al Toro Enmaromado de Pedro Requejo Novoa, ubicado en la Plaza de la Soledad, que captura en bronce el triángulo Hombre-Toro-Maroma en plena carrera.
Desde un punto de vista antropológico, el toro de cuerda ha sido interpretado como vestigio de ritos de fertilidad y paso que después fueron cristianizados y, con el tiempo, estetizados como juego festivo. Así ocurre también en Benavente, pues la víspera del Corpus concentra luminarias, fuegos, avisos de reloj y el tránsito del toro por las mismas calles que horas después seguirá la procesión. En la memoria local conviven, por tanto, relatos legendarios (como el del hijo de los condes que perdió la vida al ser arrollado por un toro bravo) con la evidencia archivística del ritual que puede consultarse en el Archivo Municipal.
Además de ese reconocimiento, ya señalado, como Fiesta de Interés Turístico Regional (1991), el Toro Enmaromado de Benavente ha sido reconocido como Espectáculo Taurino Tradicional (2000), y lo mismo los Toritos del Alba (2002). En 2004, la Consejería de Cultura y Turismo de Castilla y León declaró a las Fiestas Patronales de la Veguilla de carácter Turístico Regional, lo cual incluye, entre sus componentes, el tradicional acto de la Petición del Toro Enmaromado. En 2014, Benavente organizó el XI Congreso Nacional del Toro de Cuerda, que atrajo a decenas de miles de visitantes, y en 2025 elevó al Ministerio de Industria, Comercio y Turismo la solicitud para lograr la declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional. Ese mismo año, con motivo de la Gala Anual de la Federación Española de Toro con Cuerda, celebrada en la localidad tarraconense de La Rápita, se concedió a la ciudad de Benavente la organización del Congreso Nacional del Toro con Cuerda de 2027.